Vuelta al cole: ¿qué deben saber padres, docentes y compañeros para ayudar a un niño con diabetes


- La Federación Argentina de Diabetes quiere acompañar el proceso de la llegada de un niño con diabetes a la escuela haciendo un llamado de atención a los actores de la comunidad escolar: docentes, familias, directivos y personal no docente, para involucrarse en mejorar los entornos escolares, capacitándose para poder atender las necesidades de estudiantes de este tipo. 

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- Las claves son ofrecer información a los docentes, tener un diálogo fluido entre escuela y padres, que la mochila del niño tenga todo lo que necesita, prestar atención a si se siente mal o descompensa, acordar con la familia pautas de insulinización, permitir al alumno autocontrolarse la glucemia, siempre tener algo dulce en el aula para poder suministrarle si baja su glucemia, permitirle realizar actividad física tomando recaudos y contar con un protocolo claro ante una hipoglucemia grave.
Los niños y adolescentes pasan mucho tiempo en la escuela y también ahí necesitan controlar su enfermedad, por eso es importante que allí puedan sentirse seguros al respecto. La diabetes no les impide seguir sus estudios y desarrollar sus potencialidades, como cualquier otro, por lo que deben acceder a las mismas oportunidades de aprendizaje que el resto.
 La diabetes tipo 1, la ‘infantojuvenil’, afecta a cerca de 23 mil argentinos de hasta 19 años y la cantidad de nuevos casos por año aumenta entre un 3 y 4 por ciento.

 La vuelta a clases suele generar entusiasmo y expectativas en los chicos y en sus padres. No obstante, desde la Federación Argentina de Diabetes quieren concientizar sobre que, en ocasiones, la comunidad escolar, los papás y los niños deben prepararse para lo que implica que en el aula haya un nene con una enfermedad crónica como la diabetes. Será necesario contar con la información necesaria, que haya buena comunicación entre los involucrados y tomar determinadas medidas para prevenir que el niño tenga hipoglucemias, que son bajas bruscas de los niveles de azúcar en sangre, que pueden generar desmayos, pero que son sumamente evitables.
Tal como subrayó Judit Laufer, presidente de la Federación Argentina de Diabetes (FAD), los chicos pasan muchas horas en el colegio y “que haya un alumno con alguna patología en el aula implica tener que brindarle algún tipo de atención especial y esto va de la mano de la información; es un rompecabezas que se construye entre el médico tratante, la familia y la escuela”.
Andrea Romo es docente, madre de un paciente con diabetes e integrante de FAD. Para ella, la clave es que la familia esté segura en el manejo de la enfermedad, porque así va a poder transmitirle esa seguridad al docente. “Las asociaciones de pacientes en este sentido son fundamentales, porque el apoyo que brindan puede ayudar mucho y tranquiliza”, sostuvo.
Según explicó la Dra. Lidia Caracotche, médica diabetóloga, miembro del Comité Científico de la FAD y especialista en Nutrición Infantil de la Sociedad Argentina de Pediatría, aunque no hay datos cuantificados en el país, el estudio multicéntrico SEARCH señala que cada mil niños menores de 10 años, 0.78 tiene diabetes tipo I y en jóvenes de entre 10 y 19 años, hay 2.8 cada mil”.
Proyectando cifras del INDEC a partir de estos resultados, habría en nuestro país cerca de 23 mil niños y jóvenes con diabetes, por lo que es esperable que cada docente alguna vez tenga en el aula al menos un alumno con la enfermedad. No obstante, muchos no cuentan con experiencia en su manejo, lo que muy probablemente genere incertidumbre y el temor principal es no saber cómo responder ante alguna situación crítica. Por lo general, son los padres quienes proactivamente acercan información a la escuela para que su hijo esté contenido, pero muchas veces los docentes investigan por su cuenta para sentirse más seguros.
La diabetes se presenta cuando el páncreas no puede producir insulina o cuando el organismo no la utiliza correctamente. La insulina es una hormona que permite que la glucosa en sangre pase a las células del cuerpo en forma de energía. Si no funciona correctamente, la glucosa se acumula en la sangre y con el tiempo puede ocasionar daños en vasos sanguíneos, órganos y tejidos.
Las formas más comunes son la diabetes tipo 1 y la tipo 2. La primera aparece con mayor frecuencia en etapas tempranas de la vida, representa alrededor de 1 de cada 10 casos  y no se puede prevenir. Aquí el organismo no produce insulina, por lo que esta hormona debe ser administrada todos los días.
“Si la persona se aplica insulina de más o si no ingiere algo cuando su glucemia está bajando por la acción de la insulina, puede descompensarse y desvanecerse. Por eso, deben llevan un control frecuente y preciso, para no tener valores elevados de glucemia -por los riesgos que representa a largo plazo- pero que tampoco bajen hasta niveles que las lleven a desmayarse en el momento”, insistieron desde FAD.
Cómo alejar el temor
Judit Laufer, que fue docente y tiene un hijo con diabetes, destacó que “los padres deben asegurarse de que el niño lleve siempre en su mochila todo lo que necesita (lapicera de insulina, tiras reactivas, medidor de glucemia y alguna colación), que el docente lo sepa y que todo esté bien resguardado”.
Si el docente percibe que el nene comienza a sudar en exceso, si está algo ‘perdido’ o si parece que va a desmayarse, podría tener baja la glucemia. Lo ideal es que se la mida con su dispositivo para confirmarlo. Si se percibe que el descenso fue brusco, hay que actuar dándole algo dulce, un caramelo o un vaso de jugo, para evitar el desvanecimiento, porque podría golpearse contra algo y lastimarse. Los padres tienen que conocer los niveles deseables de glucemia para su hijo -información que brinda el médico- y el docente debe estar al tanto de esos valores para tenerlos siempre como referencia.
Desde FAD, hicieron hincapié en que es fundamental que estén involucrados los docentes, el personal no docente, los compañeros del niño, hasta el asistente del chofer del micro: deben conocer los cuidados específicos que se necesitan en diabetes, en términos de observar para sospechar un posible desvanecimiento, el monitoreo de glucemia, la aplicación de insulina o la necesidad de ingerir una colación. Además, la institución debe establecer un protocolo ante una crisis de hipoglucemia.
“Es muy bueno ver cómo los chicos toman muy natural el hecho de tener un compañero con la enfermedad. Si son muy pequeños, se les explica lo básico, como por qué su amigo siempre tiene caramelos en el bolsillo y a veces tiene que comerlos si se siente cansado, pero si son más grandes, a veces toman un rol más activo ayudando a su amigo”, agregó Andrea Romo.
Respecto de la aplicación de la insulina, según la edad del nene, es probable que sepa aplicársela a sí mismo, que es algo sencillo y poco invasivo. Si es muy chico o de diagnóstico reciente, algún familiar suele acercarse a la escuela para ayudarlo, generalmente antes del almuerzo. A veces, se acuerdan con la familia pautas de insulinización con algún docente, que asume ese rol.
Hay profesores de educación física reticentes a que el alumno que tiene diabetes participe de los ejercicios con el resto, pero la Dra. Caracotche aclaró que “la actividad física es parte del tratamiento, prestando atención al tipo de actividad, su duración y frecuencia. Puede realizarla con normalidad, controlándose la glucemia antes y después, ingiriendo algún alimento y bebiendo abundante líquido”.
Las claves a tener en cuenta
·         Ofrecer información a los docentes
·         Diálogo fluido entre escuela y padres
·         Que la mochila del niño tenga todo lo que necesita
·         Prestar atención a si se siente mal o descompensa
·         Acordar pautas de insulinización con las familias
·         Permitir que el niño se autocontrole el nivel de glucosa en sangre
·         Tener en clase algo dulce por si baja su glucemia
·         Permitirle realizar actividad física tomando recaudos
·         Contar con un protocolo claro en caso de hipoglucemia grave